Universidad: a dos años de la marcha histórica en Olavarría
La sociedad abrazó a la Universidad pública que estaba en peligro. Fue el 23 de abril de 2024 y desde entonces, lejos de mejorar, el panorama empeoró: sin presupuesto para ciencia y técnica y sin paritarias docentes, ¿hacia dónde marchan las universidades en el país?

Fernanda Alvarez - Agencia Comunica
23/4/2026
Hay cierta nostalgia en el recuerdo. No paraba de pasar gente por las calles de Olavarría. Y cuando digo esto me refiero a que había unas seis -por momentos siete- cuadras de estudiantes, docentes, no docentes, familias y trabajadores de diferentes ámbitos que juntos marchaban y ocupaban toda la calle. Libro en una mano y bandera en la otra, el recorrido desde el Centro Cultural Universitario hasta el paseo Jesús Mendía se convirtió en la marcha más multitudinaria de la historia local, lo que demostró que sin partidos políticos que manejen la escena, la universidad nos engloba a todos.
Y que es una conquista a la que nadie quiere renunciar.
La escena la vivimos el 23 de abril de 2024 y hoy, a dos años de aquel hito, el escenario cambió. Para mal.
Hoy tenemos una Ley de Financiamiento Universitario, que se discutió y se votó en ambas cámaras el año pasado. Y que el presidente vetó. El veto fue rechazado, pero Javier Milei está empecinado en no cumplir con la implementación de la ley. Un fallo judicial, incluso, le indicó al Poder Ejecutivo que cumpla con la normativa, pero parece que nada alcanza.
¿Que se genera? Enojos, desgaste, agobio, cansancio, búsqueda de nuevas fuentes de trabajo, resistencia. Y luchas. Más luchas.
En dos años, se implementó un brutal desguace del sistema científico, lo que provocó que cientos de cerebros se fuguen del país, a lugares donde su conocimiento se valide. Y se pague. La ciencia, que camina de la mano de la universidad, atraviesa su peor momento. El desplome de los salarios -que es de más de un 30% menos- y el desguace del sistema evidencia un profundo desprecio hacia la educación en las universidades nacionales, que es más acentuado en las ciencias sociales y humanas, cuya principal característica es la formación en el pensamiento crítico.
El ajuste económico implementado por el Presidente -tal como lo había anunciado en su campaña- vino acompañado de la búsqueda de desprestigio de una de las instituciones educativas más reconocidas de la Argentina. Con tal de justificar el ajuste, nos tildaron de ser espacios de adoctrinamiento, acusaron a rectores de no querer que se auditen sus universidades, dijeron que había falsos estudiantes. Todo fue desmentido no sólo con la palabra sino con los hechos, pero ya se había sembrado la mentira y la duda.
El 2026 arrancó con paros que se extienden a lo largo del cuatrimestre. Y con la férrea convicción de que es una de las medidas más firmes para seguir reclamando, aunque no la única. Se han hecho semaforazos, ruidazos, clases públicas, bocinazos, y la semana pasada, una jornada de 24 horas en todo el territorio nacional que mostró con sus actividades que las universidades son un motor central en el desarrollo del país.
La crisis también dejó en evidencia que aún hoy, miles de jóvenes que transitan las aulas son la primera generación de universitarios en sus familias. Las becas para estudiantes también sufrieron recortes y en muchos casos, debieron volverse a sus casas porque no podían afrontar los gastos que implica estudiar, más allá de la gratuidad en el ingreso.
Ni hablar de lo que implica recibirse en este contexto adverso: si siempre es un orgullo, hoy es un logro compartido y celebrado más que nunca.
La universidad argentina supo afianzarse en todo el territorio nacional. Y en el caso de las de alcance regional, su vínculo con las comunidades se fortalece y se vuelve imprescindible, aportando respuestas a problemas concretos que surgen en las propias comunidades.
A veces -muchas- nos gana la angustia. Los trabajadores y trabajadoras de la Universidad no buscamos romantizar nuestro trabajo, pero sí decir a viva voz lo que representa el saber incorporado en las aulas. Los docentes y no docentes así como los y las estudiantes, sus madres y sus padres, sabemos que el paso por la universidad pública representa la posibilidad de ascenso social y que el certificado implica un proyecto de vida. Nada menos. Este próximo 12 de mayo, nos volvemos a encontrar en las calles. En medio de la crisis y la incertidumbre, quedamos a la espera de que la sociedad nuevamente abrace a la universidad pública. Eso defendemos: proyectos de vida, que hacen a un proyecto de país.