Milena Galiano - Agencia Comunica

16/10/2026

En Olavarría, la movilización se diferenció por su previa. Antes de que comience la marcha, la Plaza López Camelo ya era escenario de concentración, música y movimiento. Desde las 15 horas, las bandas en vivo, el taller de folclore, el micrófono abierto y la colorida murga Arrebatando Lágrimas le pusieron ritmo al Festival por la Universidad Pública, que reunió a estudiantes, docentes, nodocentes, investigadores y vecinos. El Festival, organizado por los movimientos estudiantiles, en conjunto con los gremios docentes y nodocentes, se destacó por su alegría. Una forma de resistencia que sostiene un reclamo al que nadie quiere acostumbrarse. 

La propuesta buscó acercar la universidad a la comunidad, recordar que su presencia no se limita a los edificios donde se estudia, ni a quienes cada día atraviesan sus pasillos: “la lucha no es solo de quienes cursamos una carrera, esta lucha es de todos”, afirmaron los presidentes de los Centros de estudiantes. En la plaza, esa idea tomó forma en cada actividad, en las conversaciones y en la música, que convirtió el reclamo en un espacio compartido.

La Murga Arrebatando Lágrimas agilizó la concentración y encaminó el recorrido

La Universidad Pública en nuestra sociedad tiene una presencia constante. Está en el taller de folclore que se dicta en el Centro Cultural Universitario, en los profesionales que atienden en la guardia del hospital, en los conocimientos que aportan quienes investigan y trabajan para mejorar su comunidad. También está en quien escribe esta misma nota. Detrás de todos ellos, hay una Universidad que forma profesionales, produce conocimientos, genera espacios de encuentro y amplía derechos. Lo que sucede en las aulas trasciende la vida de quienes luego se reciben.

En la ley 27.795 hay mucho más que una cuestión de presupuesto, que una recomposición salarial y becas. Está la posibilidad de que un estudiante de primera generación universitaria llegue a la casa de su pueblo con el título en mano. Están los pasillos compartidos entre cursadas, en los vínculos que se construyen mientras se espera la nota de un examen y en la última persona que se va y cierra con llave. Pero sobretodo, está la posibilidad de que siga existiendo para quienes todavía no llegaron. Para las generaciones que vienen después.

La quinta Marcha Federal Universitaria en Olavarría volvió a reunir en las calles a las autoridades de las distintas facultades, docentes, nodocentes y estudiantes, bajo la consigna: “universidad es más educación, más soberanía, más democracia”. En el frente, los representantes de los distintos claustros volvieron a ocupar un lugar que ya conocen. La imagen es la misma que las marchas anteriores. Los mismos sectores, una demanda que persiste, una ley cuyo cumplimiento sigue sin cumplirse. 

Cinco marchas también cuentan otra historia. Esta movilización, quizás, no fue multitudinaria. No tuvo la masividad de otras jornadas, aunque sí tuvo una columna unificada, que a medida que avanzaba sonaba a una sola voz. Luego de tantos reclamos, el cansancio indudablemente se vuelve parte de la escena. El desgaste de una comunidad por tener que salir una y otra vez a la calle para exigir respuestas. 

El frente fue ocupado por representantes de distintos sectores

El recorrido culminó en el Paseo Jesús Mendía, con la tradicional lectura del documento compartido por los sectores convocantes. Frente a un escenario que vuelve a poner en evidencia la distancia entre lo establecido por la ley y su cumplimiento, encontrar las palabras no resulta sencillo. ¿Cómo explicar que, después de cinco marchas federales, más de 400 días de la sanción y más de 100 días de que la Corte Suprema de Justicia de la Nación deje firme una medida cautelar para que la ley se cumpla, el reclamo siga siendo el mismo? 

La exigencia es concreta: que se cumpla la Ley de Financiamiento Universitario. Una ley aprobada, promulgada y cuya aplicación sigue siendo motivo de disputa. Más de un año después, la comunidad universitaria continúa movilizándose para reclamar su cumplimiento.

La columna avanzó de manera unificada por la ciudad

La plaza, las bandas, el folclore y la murga habían recordado durante la tarde que la universidad no es una isla. Es parte de la ciudad, de sus instituciones y de las historias de quienes la habitan. Defenderla, entonces, no puede ser una preocupación exclusiva de quienes cursan, enseñan o trabajan en ella. Es una discusión sobre qué lugar ocupa la educación pública en la sociedad y qué futuro puede construir una comunidad a partir de ella.

Cinco marchas después, el pedido sigue siendo el mismo. Que se cumpla la ley. ¿No debería ser suficiente?