Bianca Abraham (*)
29/09/2026
Con apenas 20 años, Karim Crucce ya carga una historia profundamente ligada al boxeo. A medida que avanza la charla, vuelve una y otra vez a su familia. Habla de Las Flores, de su infancia y de una casa donde el boxeo siempre estuvo presente. Menciona a su papá, Walter Crucce, campeón argentino, y a su mamá, Roxana Laborde, también destacada boxeadora, como dos figuras fundamentales de su recorrido.
Pero entre todas las personas que marcaron su vida hay una figura que recuerda con especial intensidad: su abuelo. Durante la adolescencia, cuando recién comenzaba a abrirse camino en el boxeo, escuchó palabras que lo marcaron. Su abuelo le dijo que era “incorregible como su papá” y que no iba a llegar lejos. A esas palabras, Karim las transformó en una motivación silenciosa.
Con los años entendió que no tenía que competir contra el apellido que llevaba ni vivir comparándose con la carrera de su papá. Su desafío era construir su propia historia. Y lo logró. En mayo de este año derrotó a Esteban Juárez en la Federación Argentina de Boxeo y se consagró campeón argentino de peso pesado. Con apenas 20 años, el 23 de mayo de 2026 rompió un récord histórico: “Lo más fuerte para mí fue haber roto el récord que tenía Ringo Bonavena después de 61 años”.
Sin embargo, cuando recuerda aquella noche, lo primero que aparece en su relato no es el cinturón. “Más allá de lo que sea el título, es algo que yo lo viví con mi papá. No lo viví yo en carne propia, pero lo veía en videos, fotos y cosas que tiene. Ver que yo pude lograr algo de eso es muy lindo”, confiesa.
Pero detrás de ese logro existe una historia de renuncias. Cuando la conversación gira hacia su adolescencia, aparece uno de los temas que más lo movilizan. Karim baja el tono y reconoce que dejar la secundaria fue una de las decisiones más difíciles que tuvo que tomar: “Eso es lo que más me dolió de mi adolescencia. Ver a mis amigos terminar la secundaria, ser `promo´ y estudiar, y yo haber quedado en el camino de todo eso”.
Mientras sus amigos avanzaban con sus estudios, él dividía sus días entre entrenamientos, viajes y competencias. El cansancio se acumulaba y sostener ambas cosas se volvió cada vez más complicado. “Llegaban las 12 del mediodía y yo me dormía arriba de la mesa porque tenía sueño. Estaba cansado”, relata. Aun así, siente que eligió un camino sano: “Yo dejé una cosa por hacer otra. Dejé la escuela para seguir otro camino del bien”.
Hoy reconoce que terminar el secundario sigue siendo una cuenta pendiente. También le interesan áreas como la educación física, el periodismo y la informática, aunque admite que el ritmo de vida actual le deja poco tiempo para pensar en otras actividades.
La exposición pública llegó junto con los resultados deportivos. Después de ganar el título argentino comenzaron las entrevistas, las fotos y el reconocimiento de la gente. Sin embargo, Karim intenta mantener los pies sobre la tierra. “Trato de tomarlo lo más normal posible. Yo quiero ser como soy con todos, quiero ser un chico normal. No quiero creerme nada, porque no soy así”, aclara.
Esa sencillez parece ser una de las características que más destacan quienes lo conocen. Él mismo reconoce que le cuesta verse como una figura pública y que todavía se sorprende cuando alguien lo frena para pedirle una foto: “La gente me lo valora un montón. Me enorgullece porque significa que estoy haciendo las cosas bien”.
Al hablar de la exposición que llegó después del título argentino, reconoce que no todo fueron felicitaciones. También aparecieron críticas y opiniones de todo tipo, algo que considera inevitable para cualquier deportista que empieza a tener visibilidad.
Gran parte de su crecimiento profesional fue posible gracias al acompañamiento de Ariel Salazar, su manager y representante oriundo de Olavarría. La relación comenzó a través de su papá, Walter. Y hoy, asegura, “es uno de los pilares más grandes de mi carrera”. Además, trabaja junto al preparador físico Christian Franciscovich, también de Olavarría, y realiza viajes frecuentes para perfeccionar distintos aspectos de su preparación. Son esfuerzos que considera necesarios para seguir creciendo dentro del profesionalismo.
Hacia el final de la entrevista, cuando parece que la conversación volverá a los títulos o a los próximos desafíos deportivos, Karim sorprende con otra respuesta. Su atención se dirige rápidamente hacia los chicos que entrenan junto a él y hacia los proyectos que imagina para Las Flores: “Si estuviera en su lugar, me gustaría que uno más grande me diga: ‘¿Querés ir a guantear? Vamos’”.
Por eso uno de sus mayores sueños no tiene que ver con títulos internacionales ni con récords. Quiere abrir una escuela de boxeo. Quiere crear un espacio donde los jóvenes tengan oportunidades, materiales y acompañamiento. Quiere devolverle al deporte una parte de todo lo que recibió.
La charla termina como empezó: lejos de los récords y cerca de las personas que marcaron su vida. Después de hablar de sacrificios, de su familia, de las palabras que alguna vez lo marcaron, de la escuela que no pudo terminar y de los sueños que todavía persigue, Karim deja una última reflexión que parece resumir toda la entrevista: “Me gustaría que la gente me recuerde por cómo soy, más que por mis logros”.
Un sueño más allá del ring
Aunque su carrera atraviesa el mejor momento, Karim Crucce ya está pensando en el futuro. Y ese futuro no está solamente ligado a los títulos y las peleas profesionales.
Desde hace un tiempo sueña con crear una escuela o gimnasio de boxeo en Las Flores. Esta idea surge de su propia experiencia: él sabe lo difícil que puede ser comenzar y entrenar cuando faltan recursos, materiales o apoyo económico.
“Cuando yo esté más arriba me gustaría hacer un gimnasio también. Para que los chicos tengan sus cosas”, asegura.
Actualmente acompaña a muchos jóvenes que entrenan en el gimnasio municipal de Las Flores y siente una responsabilidad especial con ellos. Intenta aconsejarlos, compartir experiencias, oportunidades y ayudarlos a atravesar los nervios y las dificultades que él mismo enfrentó años atrás.
Para Karim, el verdadero legado no pasa únicamente por los títulos y récords obtenidos. También consiste en abrir caminos para quienes vienen detrás.
Porque si algo tiene claro es que los cinturones pueden quedar en una vitrina. Lo que permanece es el impacto que una persona deja en los demás.
(*) Trabajo realizado para la cátedra Redacción periodística I, de la carrera de Periodismo de la FACSO
