Extensión Universitaria
Un taller de origami abre espacios culturales de inclusión
El proyecto, impulsado desde la Facultad de Ingeniería en conjunto con la Biblioteca Crucero General Belgrano, está pensado para toda la comunidad, pero especialmente, para personas con discapacidad visual. Una propuesta que combina geometría, cultura y comunicación.

Milena Galiano - Agencia Comunica
26/5/2026
Las manos recorren el papel despacio. Reconocen las texturas. Hacen nuevos pliegues. Nuevas formas. En algún momento, incluso, quienes sí pueden ver, también cierran los ojos. Intentan entender desde el tacto aquello que siempre resolvieron con la vista. El silencio dura apenas unos segundos, hasta que vuelven las indicaciones: arriba, abajo, derecha, izquierda. En la Biblioteca Popular Crucero General Belgrano, el origami dejó de ser solamente una práctica visual para convertirse en un lenguaje compartido en comunidad.
El taller, impulsado por docentes de la Facultad de Ingeniería de la UNICEN junto a la Biblioteca, forma parte del proyecto de extensión “Origami: acceso a la geometría, la ciencia y la cultura”. Dicho proyecto es parte del IpACT: Innovación para la Alfabetización Científico Tecnológica de la Facultad de Ingeniería. La propuesta es gratuita, abierta a la comunidad y especialmente pensada para personas ciegas y con baja visión.
“Frente a su recorrido y el nuestro es que decidimos generar talleres de origami accesible en el espacio de la Biblioteca”, explica Gisele Portela, directora del proyecto y docente del área de química. La iniciativa surgió a partir de una necesidad concreta. Muchas de las personas no videntes que participaban de talleres en la Escuela 505 dejaron de tener sus espacios una vez finalizada esa etapa. Ahí apareció la posibilidad de construir una nueva propuesta desde el origami, pero también desde la inclusión.
Desde hace años, el grupo extensionista trabaja el origami como herramienta para enseñar geometría y acercar la ciencia desde experiencias más lúdicas. Pero esta vez el desafío era distinto: “en nuestros talleres siempre nuestro apoyo principal es lo visual. Si bien vamos dando indicaciones orales, siempre estamos mostrando el paso a paso mientras los participantes pliegan. Entonces dictar un taller que sea accesible para personas ciegas también implicaba un desafío para nosotros”, señala Portela. Ese desafío obligó al equipo a repensar completamente la manera de enseñar. “Tenemos que pisar más fuerte en lo comunicacional, más que en lo visual”, agrega.
Para lograrlo, trabajan junto a personas ciegas y especialistas que colaboran en la adaptación de las secuencias y materiales. Las indicaciones se reformulan constantemente: qué palabra usar, cómo orientar un movimiento, cómo explicar un pliegue sin señalarlo con la mirada. “Nos hacen la retroalimentación y nos dice qué palabras son más importantes para hacer una orientación espacial. Arriba, abajo, derecha, izquierda”, cuenta Portela sobre el acompañamiento recibido durante el proceso de construcción del taller.

Alicia Gaisch, Eugenia Borsa y Gisele Portela, docentes de la FIO y extensionistas
El equipo de trabajo está integrado por docentes, estudiantes, nodocentes y participantes de distintos espacios, quienes aportan desde áreas vinculadas a la accesibilidad, el diseño universal, la comunicación, la extensión universitaria y el acompañamiento territorial.
La propuesta también nació desde trayectorias personales. Alicia Gaisch, codirectora del proyecto y docente del área de matemática, llegó al origami hace más de quince años, primero como hobby y después como herramienta pedagógica. Alicia cuenta que descubrió que “hay toda una parte geométrica que lo sustenta, más allá de la parte artística”.
Con el tiempo, el proyecto empezó a crecer y a vincularse con distintas instituciones educativas y espacios comunitarios de Olavarría. Según Eugenia Borsa, otra de las docentes que integra el equipo, el trabajo extensionista fue cambiando a partir de las demandas del territorio: “al ir sumando gente y demás, ya nos fuimos abriendo más también a las demandas que había desde el territorio y de la comunidad”, sostiene.
El primer encuentro del taller en abril funcionó como una experiencia exploratoria. Llevaron distintos tipos de papeles, probaron texturas y formas de plegado, y observaron cómo cada participante interactuaba con los materiales. “Fue bastante público. Todos se adaptaron re bien a las actividades”, recuerda Eugenia Borsa, y explica que “llevamos distintas texturas de papeles para ver si ellos las podían identificar. Las distintas formas. Los pliegues. Para ver cómo va a ser nuestro lenguaje de diagramas”.
En el taller participaron infancias, adultos mayores, personas ciegas y personas videntes. Cada uno con tiempos y experiencias diferentes. En ese intercambio apareció una de las escenas más significativas de la jornada: “la gente vidente en algún momento también cerraba los ojos para poder interpretar a través del tacto lo mismo que están viviendo las otras personas. Realmente fue muy lindo”, cuenta Borsa.
La experiencia, sin embargo, no busca quedarse solamente en el aprendizaje del origami. Para el equipo, el taller también funciona como una puerta para discutir inclusión, discapacidad y accesibilidad. “El origami es la excusa para poner sobre la mesa y empezar a charlar y discutir lo que tiene que ver con discapacidad”, afirma Gaisch. “La idea entonces es empezar a juntarnos y poner en palabras, capacitarnos en esta temática”.

Además de los encuentros mensuales, el objetivo es producir materiales accesibles que permanezcan en la biblioteca para que el espacio pueda seguir funcionando de manera autónoma en el futuro. Diagramas en relieve, traducciones al braille y secuencias adaptadas forman parte de esa construcción colectiva. Gisele Portela explica: “queremos generarles un backup que les permita el día de mañana seguir ellos mismos generando espacios de plegado de origami”.
En el fondo, el proyecto pone en discusión algo más amplio que el papel y los pliegues. Obliga a revisar las propias prácticas y preguntarse quiénes quedan afuera cuando un espacio cultural se piensa solamente desde una lógica visual. “Las barreras sociales separan el acceso a la cultura”, sostiene Portela. Y agrega que “repensar la práctica propia hace que cualquier espacio sea accesible a cualquier persona con discapacidad”.
Más que un taller, se trata de construir un lugar donde todos puedan encontrarse, aprender y participar desde sus propias formas de percibir el mundo. Se trata de construir un espacio de convivencia, aprendizaje y comunidad más inclusivo para todos.
El próximo encuentro se realizará el viernes 29 de mayo, de 15 a 17 horas, en la Biblioteca Popular “Crucero General Belgrano”, ubicada en Pellegrini 2350. La actividad será gratuita y con inscripción previa a través de la Biblioteca, al 2284-410038, o a través de Instagram.