Notas

Escuelas en alerta por mensajes de tiroteos

Amenazas que circulan, estudiantes que responden


En la escuela secundaria N°1 de Olavarría, un grupo de estudiantes decidió interrumpir la cadena de amenazas que circulaban por redes con un video propio. En las conversaciones compartidas, la escena revela cómo lo viral irrumpe en la realidad.

 

Milena Galiano – Agencia Comunica
30/4/2026


Primero la vieron en sus celulares. Después, empezaron a circular. En ese ida y vuelta de amenazas, un grupo de estudiantes decidió hacer algo distinto. En la Escuela Secundaria N°1 “Jorge Luis Borges” de Olavarría, alumnos de quinto año grabaron un video con una consigna clara: “no al terrorismo en la escuela”.
Al encontrarlos en el aula, sin un guión de por medio, lo que surge es una conversación espontánea, casi como una necesidad. Me comentan sobre las frases que forman parte del video, y cómo nacieron en un salón igual a este, junto a la profesora de Literatura, Victoria Pesci. “Lo viral no es bueno”, dice uno de los estudiantes, condensando en pocas palabras el sentido que atraviesa a dicho video.
Ahora se encuentra al frente de la clase la profesora de Historia, Carolina Rey, quien toma esa idea y la empuja un poco más allá. Elige hablarles desde la experiencia. Les dice que compartir esos videos también implica una responsabilidad, que cada reenvío suma a una cadena que no siempre se mide. Les cuenta, además, que como madre decidió no mandar a su hija a la escuela primaria el día en que circularon las amenazas. No solo lo cuenta como ejemplo, sino como algo que la atravesó. “Me paralizó”, reconoce. El miedo, que no se queda solo en las pantallas, se mueve, se instala y modifica decisiones.
Cuando explican por qué usan la palabra “terrorismo”, la respuesta es directa: “porque causa terror”. No hace falta más desarrollo. Terror en estudiantes, terror en docentes y terror en las familias. La escuela, que hasta hace poco funcionaba como un espacio previsible, empieza a cambiar.
Más tarde, fuera del aula, Valentino, Santiago, Maite y Thiago reconstruyen cómo empezó todo. Ninguno se enteró en la escuela. Las primeras señales les llegaron por redes sociales, en una lógica que ya conocen bien. Videos, estados, capturas. “Más que nada todo en Instagram, me aparecían videos, publicaciones de gente que lo había puesto”, cuenta Thiago. “Se empezó a viralizar para que suspendan las clases”, explica Valentino.

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Thiago, Maite, Santiago y Valentino, estudiantes de 5° de la Escuela Secundaria N°1

Al principio, dicen, creyeron que era una joda. Una más dentro del flujo de publicaciones que muchas veces se consumen sin filtro. “Todos sabemos que cuando nos metemos a TikTok todos hacen la misma joda”, dice Thiago. “Yo no pensé que iba a pasar”, admite Valentino. “Acá en Olavarría tampoco”, agrega Santiago, marcando una distancia a la que se acostumbraron. Esas cosas pasan en otros lados. En otros países. En otras noticias. No acá.
Sin embargo, esa distancia empieza a achicarse cuando los mensajes se replican en distintas escuelas, cuando dejan de ser aislados y se vuelven tendencia. “Cuando se empezó a hacer en todas las escuelas, lo tomé más en serio”, cuenta Maite. El cambio lo marca la repetición. “Hay gente que no toma conciencia de lo que hace… capaz que es una joda, pero realmente genera un impacto muy grande en todas las escuelas”, reflexiona Thiago.
Fue en ese punto donde apareció la necesidad de hacer algo propio. El video surge como una respuesta construida desde adentro. Entre todo el curso redactaron las frases que se escuchan en el video: “no es un chiste, es la vida de otro”; “tomemos conciencia de estos actos”; “lo viral no es bueno”; “la escuela es un territorio de paz, de disfrute y de aprendizaje”.
La intención era romper la cadena. Y, sin embargo, también se volvió viral. Primero dentro de la escuela, después en medios locales y, con el correr de los días, en canales nacionales. “Se viralizó bastante”, dicen, casi con sorpresa.
Mientras tanto, la escuela ya no es la misma. Las transformaciones empiezan a volverse visibles. “Nos sacaron varias libertades, como ir al baño en hora de clase o andar por los pasillos”, cuenta Maite. Puertas que antes quedaban abiertas ahora se cierran, los movimientos se controlan, aparece mayor presencia adulta. “Te hace sentir re perseguido”, dice Valentino. “Estamos acostumbrados a andar tranquilos… ahora es más estricto”, suma Thiago. Sus sensaciones son de incomodidad y de extrañamiento frente a un espacio que ya no pueden habitar de la misma manera.
Las medidas responden a un contexto más amplio. En distintos puntos del país se registraron amenazas similares, lo que llevó a la Jefatura Distrital de Educación a radicar denuncias y activar operativos preventivos. Hay presencia policial en los ingresos y trabajo en las aulas para explicar el carácter delictivo de estos mensajes.

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Las puertas de la escuela ahora permanecen cerradas

Pese a esto, dentro de la escuela, la respuesta no se limita a la preocupación. Cuando Valentino, Santiago, Maite y Thiago intentan definir qué es la escuela, no hablan de protocolos ni de controles. Hablan de un lugar de convivencia, de aprendizaje, de cierta tranquilidad que hasta hace poco no necesitaba ser nombrada: “Es un lugar para venir y estar tranquilo, no tenés que estar preocupado de que pase algo”, dice Valentino. El video aparece en esa línea, como una forma de intervenir en lo que circula, de marcar una posición cuando los mensajes siguen moviéndose.