A once años de Ni Una Menos
Todavía tenemos que marchar
A paso firme y con la misma urgencia de hace once años, miles de personas recorrieron las calles de Olavarría poniendo el cuerpo y la voz por quienes ya no están, y por quienes viven con miedo todos los días.

Milena Galiano – Agencia Comunica
04/06/2026
Fue difícil seguirles el ritmo. Caminaban rápido. A paso firme. Supongo que llevan años caminando así. Apurando el paso al volver a sus casas. Cruzando a la vereda de enfrente. Mirando hacia atrás. Sobreviviendo. Once años después del primer Ni Una Menos, ellas se movilizaron pidiendo seguir vivas.
Olavarría marchó este 3 de junio. La columna avanzó durante varias cuadras por el centro de la ciudad. Cuatro, quizás cinco. Era difícil medirla con precisión. Lo que sí podía percibirse era la cantidad de personas que decidieron ocupar el espacio público para recordar que la violencia de género es una deuda pendiente en nuestra sociedad.
La concentración comenzó a las 17 horas en el Paseo Jesús Mendía, donde estudiantes, organizaciones sociales, sindicatos, familias y vecinos se reunieron bajo una consigna que sigue vigente más de una década después de aquella primera movilización masiva.
Como tantos otros femicidios que marcaron la agenda pública en los últimos años, el caso de Agostina volvió a ocupar espacio en los medios nacionales. Pero no hace falta mirar únicamente las noticias nacionales para entender la dimensión del problema. El Frente Ni Una Menos de Olavarría lleva registrando 37 situaciones vinculadas a violencia de género.

Entre los carteles aparecían nombres y rostros. Mujeres que ya no pueden marchar. Mujeres asesinadas. Sus fotografías avanzaban junto a las personas como una presencia constante, recordando que los femicidios existen y en cantidades abismales. Y que detrás de las cifras y las estadísticas, hay vidas arrancadas.
La marcha avanzó entre aplausos y gritos que mezclaban bronca, frustración y dolor. Las voces se elevaron contra la violencia machista y contra un sistema que llega tarde. El hartazgo de quienes viven con miedo de morir en manos de quienes las rodean, el miedo de salir a la calle solas y de tener que avisar cuando llegan bien, se mostró en gritos ahogados en llanto: “¡Ni una menos! ¡Vivas nos queremos!”
Uno de los momentos más conmovedores ocurrió frente a la Comisaría de la Mujer. Allí la marcha se detuvo y la consigna: “¡Presentes, ahora y siempre!” atravesó la calle. Los nombres de las víctimas fueron respondidos por cientos de voces que se niegan a olvidar.

Tras recorrer el centro de la ciudad, la movilización regresó al Paseo Jesús Mendía. Allí se realizó un cierre con micrófono abierto para quienes quisieran compartir sus experiencias. Entre los testimonios estuvo el de la madre de Marcela Antonella Gómez, víctima de femicidio. Con el dolor que solo una madre a quien le arrebataron a su hija entiende, expresó su preocupación ante el pedido de prisión domiciliaria presentado por el agresor. Su intervención transformó en relato personal aquello que se estaba denunciando. Detrás de cada caso, hay familias que siguen esperando justicia.
Cuando la marcha terminó y las voces se apagaron, quedaron las mismas preguntas. Cómo es posible que, once años después del primer Ni Una Menos, todavía haya mujeres que vivan con miedo. Cómo es posible que seguir con vida continúe siendo una demanda colectiva. Los nombres pronunciados durante el recorrido, las fotografías levantadas en alto y los testimonios finales, recordaron que detrás de cada caso hay una historia interrumpida y una familia que sigue buscando justicia.
Desgraciadamente, la violencia de género no termina cuando una marcha concluye ni cuando una causa llega a los tribunales. Permanece en el miedo de quienes denuncian. En la incertidumbre de las familias que esperan justicia. En los hábitos que las mujeres han adquirido: compartir la ubicación en tiempo real, avisar al llegar, apurar el paso cuando cae la noche o mirar hacia atrás antes de sacar las llaves. Quizás por eso marchaban tan rápido. Once años después, miles de personas volvieron a marchar en Olavarría para reclamar poder vivir sin miedo.
Si estás leyendo esta nota, es porque quien la escribió, también llegó.