Cómo es enseñar hoy en las Universidades públicas
Entre pasión y tensión: la realidad detrás del salario docente
El 15 de mayo se “celebra” el Día del Docente Universitario en Argentina. Sin embargo, los docentes están frustrados de tener que “dibujarla” haciendo malabares para llegar a fin de mes. El multiempleo y la carga horaria están ganando protagonismo.

Créditos: Facultad de Ciencias Sociales.
Catalina Laborde y Lucas Oliván - Agencia Comunica
15/05/2026
La universidad pública está atravesando uno de los momentos más difíciles de la historia reciente. El ajuste presupuestario impacta directamente en la calidad académica, ya que los docentes, al no tener salarios suficientes para vivir, deben buscar trabajos externos, restando energía a proyectos de investigación o nuevas formas de enseñanza. Plata que no alcanza. Enseñanza que resiste. Entre pasión y dedicación, los docentes se abrazan.
Luciana Mentasti, ingeniera química,docente universitaria en la Facultad de Ingeniería e investigadora, comenta sobre cómo se atraviesa el día del docente universitario en el contexto actual de la educación pública argentina.
Considera que la universidad es un “motor transformador” que cambia la vida de las personas, destacando que es hija de la universidad pública y primera generación de universitarios en su familia. Por eso, una fecha como la de hoy toca una fibra sensible en ella porque no es solo un trabajo, es su identidad.
Sin embargo, describe al contexto actual como “extremadamente complejo”, siente que el entramado social está roto y que existe una falta de articulación entre las autoridades a nivel nacional y universitario. A pesar de trabajar por vocación, confiesa sentirse “sola y odiada" ante la situación general.
Luciana, siendo doctora con un cargo de JTP exclusivo y 10 años de antigüedad, recibe alrededor de 1.300.000 pesos, mientras que compañeras con cargos simples de 10 horas y más antigüedad ganan apenas 150.000 pesos, una cifra que califica de "terrible". Los salarios no subieron a la par de las prácticas médicas, lo que generó un desfasaje donde la obra social realiza descuentos significativos, especialmente a los cargos simples, sin que la universidad acompañe esa diferencia.
Comparando con hace 10 años, recuerda que el sueldo de ayudante alumno le permitía cubrir todos sus gastos mientras vivía con sus padres. La realidad cambió notablemente: hoy un ayudante cobra entre 120.000 y 130.000 pesos y por eso señala que antes “con un cargo de ayudante diplomado podía pagar un alquiler, mientras que hoy no se llega ni a un tercio del mismo”.
Luciana durante una clase de Matemática I.
En la Facultad de Ingeniería, Luciana percibe una “falta de interés político y poca empatía” por parte de los estudiantes hacia los reclamos docentes. Menciona dolorosamente que muchos alumnos ven la política como una "mala palabra". Ella ve un “motor transformador”, mientras que pareciera que ellos solo ven ejercicios de matemática que necesitan resolver para el parcial. En una ocasión, al acortar una clase para asistir a una marcha, el aula estaba a la mitad de su capacidad porque los alumnos no veían sentido en asistir si la clase era breve. Para ella, esa imagen resume parte del desgaste que atraviesan hoy muchos docentes universitarios. Sus palabras transmiten cierta desazón, como si estuviera frente a una clase por sus estudiantes pero en un contexto donde no siempre vuelve lo que da. Por eso, señala que “esta indiferencia y desconexión por parte de los alumnos hacia una problemática que les toca tan de cerca, es algo por lo que se debe seguir trabajando”.
Aun así, siente orgullo por los pocos estudiantes que sí se acercan, preguntan y marchan; y reflexiona sobre cómo la universidad la transformó a ella misma: de entrar pensando "solo vengo a estudiar" a involucrarse en la formación política y social al convivir con realidades distintas.
Finalmente, sostiene que la universidad “debe ser accesible para todos”, lamentando que todavía sea “inalcanzable para algunos sectores sociales”. La docente e investigadora defiende su gratuidad como el factor que le permitió a ella y a muchos otros obtener un título profesional.
La realidad en las distintas unidades académicas no es ajena. En la Facultad de Ciencias Sociales, Martín Porta –hijo de una ama de casa y un empleado de estación de servicio– es docente desde hace 30 años. Empezando desde abajo –en los años 90– fue testigo de varias etapas económicas y políticas de nuestro país.
La pasión por enseñar sigue intacta, pero “el contexto cansa”, aclaró. A lo largo de su trayectoria, nunca trabajó en otra cosa: siempre tuvo la docencia como eje. Gracias a eso, siempre vivió bien e incluso le permitió ahorrar. En cambio, “hoy es imposible”, enfatizó.
Auxiliares diplomados con dedicación simple cobran por debajo de la línea de indigencia, eso es evidente al ver un salario que apenas alcanza los 250.000 pesos mensuales para enseñar. Pero el recorte les llega a todos: un docente con más de 30 años de antigüedad debe buscar más ingresos para subsistir. En una sociedad donde reina la incertidumbre, la “salida” es clara: el multiempleo. Martín, por su parte, empezó a vender objetos de joyería y orfebrería artesanal para poder tener un dinero extra. La lucha es constante. Docentes que por ocio indagan en otras actividades, hoy es otra fuente de ingreso.

Martín Porta, docente de la FACSO con más de 30 años de antigüedad
Martín reconoce la ambigüedad en el voto del argentino: “cuando crecés un poquito votas la derecha y cuando la derecha te arruina, bajás y votas a otro”. En ese sentido, remarca que la preocupación pasa por no tener un proyecto de país sostenible.
“A mí lo que me preocupa es que esas destrucciones después no se levantan y eso es gasto. Vos invertiste dinero y formación en alguien que hoy en día es brillante y ese brillante se te va a dar clase a Estados Unidos. ¿Qué le queda a la Argentina? Absolutamente nada”, remarcó. A la hora de equilibrar la balanza, pesa más el gasto en ignorancia que en formación profesional.
Aún así, reconoce que “la universidad pública iguala”, ya que permite que cualquiera pueda obtener una educación a la altura de las circunstancias. El desfinanciamiento y el contexto hostil actual ponen en riesgo una república sostenida por profesionales dedicados en busca de un país mejor y más justo. “Es esa mirada cerrada que cree que la vida se resuelve en un Excel, mientras que den las cuentas, como si fueran una tabla de doble entrada”, agregó.
Entre clases y trabajos extra, la docencia universitaria continúa resistiendo. No desde la comodidad, sino desde la convicción de que la educación pública puede transformar vidas.
Por eso, este 15 de mayo, el Día del Docente Universitario invita a reflexionar sobre la dificultad que atraviesan las aulas, los docentes y nuestro futuro.