Olavarría defiende la educación pública
Las voces que sostuvieron la cuarta marcha universitaria
Después de meses de conflicto, de clases atravesadas por paros y salarios completamente desfasados, la universidad volvió a salir a las calles de Olavarría. Por cuarta vez. Esta vez, exigiendo el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario.
Lucas Oliván, Catalina Laborde y Milena Galiano – Agencia Comunica
13/5/2026
La marcha aún no había comenzado a moverse y ya se escuchaba un bullicio en la calle. Desde la temprana concentración en el Centro Cultural Universitario la presencia de estudiantes, docentes, nodocentes y parte de la comunidad olavarriense se hizo notar. El pedido era claro: hace más de 200 días que no se cumple con la Ley de Financiamiento Universitario, que fue sancionada, vetada y ratificada por el Congreso de la Nación.
A las 15 horas, el Centro Cultural Universitario comenzó a llenarse de pinceles, telas y carteles sobre la mesa. El descontento ya se hacía visible: pedidos por el cumplimiento de la ley de financiamiento universitario, críticas al ajuste y mensajes en defensa a la educación pública y la ciencia. La previa de la marcha empezó a transformar el CCU en un espacio de organización y protesta. Mientras algunos estudiantes terminaban de pintar banderas, la gente se concentraba en las calles bajo una misma bandera: la importancia de defender la educación pública.
Ocurrió que esta marcha fue distinta. No por la cantidad. Tampoco por los bombos, las banderas o las canciones que, hace 2 años, repetían el mismo recorrido y el mismo reclamo. Era otra cosa. Algo que aparecía en el centro mismo de la calle.
Ahí estaban los estudiantes. Sosteniendo la bandera principal con las manos tensas, acomodándose para no perder el ritmo, gritando antes de que los demás empezaran a hacerlo. En medio del cansancio general, de los salarios que no alcanzan, de las aulas sostenidas a pulmón y de una universidad obligada a marchar una y otra vez para defenderse, ellos decidieron ocupar el lugar que les corresponde.

El frente de la marcha, con los estudiantes al centro
La cuarta Marcha Federal Universitaria en Olavarría tuvo algo de desgaste y de persistencia. Docentes agotados. Becas que no alcanzan. Nodocentes que ya conocen de memoria las consignas. Investigadores que vuelven a explicar por qué el ajuste también vacía laboratorios y proyectos. Pero esta vez, entre todos esos cuerpos cansados, fueron los estudiantes quienes empujaron la marcha hacia adelante.
A medida que la movilización avanzaba, las voces empezaron a resonar contra las paredes del centro. La universidad salió otra vez a ocupar la calle y la ciudad tuvo que correrse para hacerle lugar. Algunos miraban en silencio. Otros levantaban el pulgar desde la vereda. Otros tocaban bocina. Pero los marchantes seguían firmes. Por su convicción. Por sus ganas de un futuro mejor donde se sostenga la universidad pública como productor de ascenso social.

El conflicto universitario es un conflicto social. De todos y todas. Eso se vio reflejado en que no toda la gente que marchaba tenía vínculo directo con la universidad. Vecinos, jubilados, familias y madres con bebés envueltos en mantas para el frío también recorrían las calles llenando masivamente las cuadras. Se unían a los cánticos y aplausos en una movilización que se vivía como una lucha colectiva. La defensa de la universidad pública desbordó los límites del campus, con una comunidad expresando el disgusto y la necesidad del pueblo por defender la educación y la ciencia.

El recorrido fue largo y a la vez intenso. La máxima presencia de gente se dio en el Paseo Jesús Mendía. Allí los distintos sectores se reunieron en ronda, como en un gran fogón. Con el sentimiento a flor de piel, se cantó el Himno Nacional Argentino.
Durante la lectura del documento, que fue leído por distintos claustros, Julieta Mondragón, la presidenta del Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Salud, tomó la palabra. Allí expuso las condiciones que atraviesa su facultad “condiciones que ningún estudiante tendría que vivir. Antes no había baños, había salones, mejoramos un poquito más pero no alcanza”. El discurso terminó con aplausos y gritos de apoyo del público y, a medida que avanzaban las palabras que daban voz a estudiantes insatisfechos, los aplausos se hacían cada vez más fuerte entre los presentes.

Al cierre de la movilización, los cánticos seguían sonando
Aunque el conflicto se prolonga, la incertidumbre se acrecienta y el desgaste crece cada día en las aulas, las universidades todavía encuentran la fuerza en quienes la habitan todos los días. Cuando la movilización empezó a desarmarse en el Paseo Jesús Mendía, se bajaron los carteles y las conversaciones empezaron a dispersarse, los estudiantes seguían cantando. Un poco afónicos, transpirados. Abrazados a sus bombos y banderas. Culminando una marcha más, sabiendo que estas luchas se ganan en la calle, con la comunidad organizada para que se cumpla la ley de financiamiento universitario y para que todos seamos partícipes de un futuro mejor.