Luego de la nueva Ley de Modernización Laboral
Adiós al Estatuto del Periodista: precarización, tensiones y un nuevo mapa laboral
La derogación del Estatuto del periodista que ordenó la profesión durante décadas genera incertidumbre. Entre el multitasking, la precarización, las restricciones al acceso a la Casa Rosada, las denuncias por espionaje ilegal y las agresiones por parte del Gobierno de Javier Milei contra los periodistas, FOPEA propone una nuevo estatuto que resista a los ataques constantes.

Cortesía: Gobierno de Buenos Aires.
29/04/2026
Rocío Vergara - Agencia Comunica
Febrero del 2026. La Cámara de diputados deroga el Estatuto del periodista, sancionado en 1944, que dejará de regir plenamente el 1° de enero del 2027. A la par, entra en rigor la nueva Ley de Modernización Laboral, debatida meses antes.
Marzo del 2026. En la sala de conferencias de la Casa Rosada, Juan Manuel Adorni recibe a los periodistas. Las cámaras y los micrófonos están encendidos, siendo una escena conocida, casi automática.
Un periodista pregunta sobre los gastos del Jefe de Gabinete de la Nación, los cuales presentan inconsistencias presupuestarias. Adorni responde, en un tono irónico, “apenas sos un periodista”. La tensión escala, se instala en el predio. No hay gritos, pero con el gesto del Vocero Presidencial alcanza para correr el eje del interrogante.
23 de abril del 2026. El gobierno de Javier Milei revocó el acceso a la prensa a la Sala de Periodistas, por un presunto “espionaje ilegal”. La medida se convierte en un hecho que no registra antecedentes en el país.

Cortesía: Casa Rosada
El cruce de estas escenas no es casual. Configura un clima que se vivencia hace casi tres años, donde se forma un vínculo de poder entre el gobierno y el periodismo que ya no pasa solo por lo que se dice, sino por lo que se habilita y lo que se censura.
En nuestro país, el estatuto del periodista funcionó un poco más de ocho décadas. Ser periodista no solo se trata de escribir una noticia, hacer un micro radial u organizar un programa de televisión. Hoy, la profesión se ejerce en un modo de supervivencia: las redacciones se achican, los salarios cada vez se devalúan más o no llegan a cubrir ni el sueldo mínimo, los contratos son inestables y la presión que se ejerce sobre los trabajadores es cada vez más agobiante.
El periodismo no para en ningún momento. No hay descanso, no hay desconexión de la actualidad, porque cada hecho, es un hecho de importancia. Se escribe, se graba, se planea, se organiza, se edita, se sube, se mide y se lee a la audiencia. Sin pausas, sin fin. La derogación no solo es un término jurídico más, significa que el oficio se queda sin un marco común que establecía derechos, condiciones y límites
En palabras de Fabio Ladetto, periodista de La Gaceta de Tucumán e integrante de la Comisión directiva de FOPEA (Foro de Periodismo Argentino), “si bien el estatuto era una norma que tenía su desactualización, sin esa referencia hay una flexibilidad muy grande y puede haber una dispersión enorme en el tratamiento de los derechos laborales de los profesionales”.
La advertencia implica que las condiciones laborales pueden variar de una provincia a otra, porque “subsisten los convenios colectivos de provincias, que no están en todas”, aclara Ladetto. Lo que produce la ausencia de la ley 12.908 (Estatuto del Periodista Profesional) es una desigualdad en el desarrollo profesional, no solo para los que ejercen, sino también para los futuros profesionales.
En tiempos de cambio donde la innovación tecnológica se expande sin freno, la ley quedó en el abismo. Contenía artículos que, en la práctica habían quedado en desuso. “El Estatuto definía que podían ser periodistas profesionales quienes estuviese inscritos en el Registro Nacional de Periodista Profesional, en ese aspecto, se lo tenía que derogar porque va en contra de la legislación internacional que menciona que no se puede exigir una matriculación obligatoria para el ejercicio profesional”.
La discusión actual no pasa por restaurar ese esquema tal cual era, sino construir uno nuevo. Desde FOPEA se impulsa un nuevo marco regulatorio general que busca establecer pautas laborales. Entre ellas: el acceso a la información, una remuneración justa, la libertad de circulación y el vínculo del periodismo con el sistema democrático.
Ahí está el punto, porque “lo que no está en discusión es que el periodista forma parte del ecosistema democrático y cumple una función social”, sostiene Fabio. No es una definición teórica, sino la responsabilidad cívico-institucional que tienen los profesionales.
Las restricciones al acceso, como la imposibilidad de ingresar a determinados espacios públicos, impactan directamente en esta función. Como dice el periodista Ladetto “si no estamos en el lugar de los hechos y tenemos que depender de un comunicado, la gente no se va a enterar”.
En paralelo, el ejercicio cotidiano del periodismo también cambió. La multiplicación de tareas —escribir, grabar, editar y publicar todo a la vez— ya no es una excepción, es parte de la rutina laboral. Este es uno de los puntos fuertes de FOPEA, que apunta a algo básico: la posibilidad de una desconexión ante un contexto de hiperconectividad. Impacta no solo en la calidad periodística, sino también en las condiciones laborales.

Cortesía: X.
Sin embargo, este escenario no es exclusivo del periodismo. La precarización atraviesa a todos los sectores productivos. Menos estabilidad, más exigencias, mayor incertidumbre en la sociedad.
En este marco, la situación del periodismo adquiere una dimensión particular. No solo se trata de un oficio. Se trata de una práctica que interviene en la circulación de la información, en la construcción de la ciudadanía, en la posibilidad de que la sociedad acceda a datos verificados y pueda tomar decisiones.
La discusión por un nuevo estatuto no pasa por lo sectorial, es una discusión sobre las condiciones que se ejerce en el derecho a informar. Y, en consecuencia, la calidad de la democracia de Argentina.