Mejoraría la absorción de la sustancia en el organismo
Científicos olavarrienses crean cápsulas de cannabis medicinal
El grupo de la Facultad de Ingeniería de Unicen, liderado por Gastón Barreto, descubrió un formato de medicamento que evita que los cannabinoides se destruyan en el proceso gástrico y se aprovechen mucho más sus beneficios. Hasta ahora, el tratamiento más utilizado es el aceite, por su efectividad en el dolor y como una alternativa terapéutica sin efectos adversos.

Al tratamiento con cannabis, ahora se le podrían sumar las cápsulas. Imagen únicamente ilustrativa, creada con IA
20/04/2026 - Josefina Arouxet(*)
El desarrollo de nuevas formulaciones de cannabis medicinal es hoy una de las líneas de investigación que busca mejorar su absorción, eficacia y seguridad en tratamientos médicos. En Olavarría se realizan continuamente investigaciones para descubrir las propiedades de las distintas plantas, para qué patología puede servir cada una y estudios que mejoran las plantaciones, facilitan su consumo y eficiencia. El proyecto interdisciplinario de extensión de la UNICEN, “Universidad y Cannabis” es el que se ocupa de esta tarea. Liderado por el Dr. Gastón Barreto y Luciana Mentasti, ingeniera química, hoy está conformado por profesionales de la biología, biotecnología, ingeniería química, ingeniería en alimentos, agronomía y diseño industrial. Y desde 2021 cuentan con el aval para realizar el cultivo en la Facultad de Ingeniería.
Alexander Aguila, ingeniero agrónomo, quien desarrolla su beca doctoral en el CONICET con este grupo, explica que actualmente uno de los focos principales de la investigación es lograr encapsular los extractos de cannabis en píldoras hechas de biopolímeros, un compuesto químico extraído de algas o crustáceos, biocompatibles, es decir, que no son dañinos para el cuerpo. La forma más utilizada en este tratamiento es el consumo mediante aceite, donde los compuestos de la planta de cannabis se concentran en un extracto y se disuelven en un aceite portador, la administración más común es sublingual (debajo de la lengua). Si bien de esta manera es eficiente para la salud, hay un buen porcentaje que se destruye en el proceso gástrico, por lo que este avance científico permite que los cannabinoides no se degraden en el estómago y lleguen a los receptores endocannabinoides, para así aprovechar mucho más sus beneficios. “Con menos cantidad de cannabis, lográs más efectos”, asegura Barreto.
Cannabis y biopolímeros
Los materiales químicos sobre los cuales trabajan pueden ser microestructurados. Barreto explica que “pueden ser esferitas que podemos ver, de un milímetro de diámetro, tipo un gel, nosotros logramos que capturen dentro de ellas cannabinoides”. A su vez, han realizado cápsulas en tamaño micro y nano (micelas), las cuales son tan pequeñas que no se pueden ver a simple vista, sino con un microscopio electrónico. Las cápsulas nanométricas se mezclan con el biopolímero y se logra algo parecido a un detergente, ya que “es una especie química que compatibiliza aquello que no se disuelve en agua, con el agua”, explica Barreto. Esa solución sintética hace que las sustancias del cannabis que no se disuelven en medios acuosos puedan integrarse.
Ambos procesos del cannabis, en cápsulas o micelas, se estudian con un mismo objetivo: potenciar sus efectos benéficos. “Que con la misma cantidad de cannabis, se puedan lograr efectos mayores en los pacientes o que se utilice menos cantidad para sostener los mismos efectos terapéuticos”, anhela el líder del proyecto.
La investigación sigue su proceso que, según el Director del grupo, puede llevar las "vidas de varios investigadores", antes de llegar a un paciente o al mercado. Debe superar todas las etapas de validación: se realizan pruebas a escala de laboratorio para asegurar que sea estable, reproducible y no tóxico. Luego, el proceso avanza con estudios in vitro, donde se simulan partes del cuerpo (como el estómago o el intestino) y se prueban los efectos de las partículas en líneas celulares específicas. Posteriormente, la investigación debe pasar a la escala preclínica (analizando efectos en animales) y luego llega a los estudios clínicos en humanos, que se dividen en cinco fases para evaluar su volumen, seguridad y eficacia estadística.
El aceite de cannabis para el tratamiento del dolor

El aceite de cannabis es recomendado mayormente para el dolor. Imagen ilustrativa creada con IA
Desde hace seis años, en la clínica Maria Auxiliadora de Olavarría, se realizan tratamientos con aceite de cannabis medicinal. El encargado de esta área es el Director de la institución, el Dr. Enrique Bintana, el único profesional que realiza esta atención en Olavarría. “Los médicos me derivan a sus pacientes”, afirma, y agrega que la mayoría suelen ser traumatólogos ya que el principal motivo de consulta es el dolor. El médico dice que la mayoría de los pacientes que consultan es por casos de artrosis. A su vez también se utiliza en tratamientos oncológicos, como complemento de la quimioterapia, “se trata de que el paciente, ni bien tiene el diagnóstico, ya arranque con terapia de cannabis para el dolor y mejorar la tolerancia a las náuseas y a los medicamentos”, explica Bintana. Otros casos de consulta suelen ser migrañas por contracturas, neuralgia, neuropatías diabéticas, dolores por consecuencia de hernias de disco y escoliosis. “El dolor deprime y mata, no es para subestimar”, advierte.
En la clínica María Auxiliadora se realizó un estudio que fue publicado en la Revista Científica del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Nacional de La Matanza, sobre el seguimiento terapéutico en 165 pacientes tratados con derivados cannábicos. El trabajo determinó que cerca del 74% (73,8%) de los usuarios experimentaron efectos positivos. Más del 64% (64,6%) sintió disminución del dolor y un 12,5% redujo la ansiedad. Más del 14% (14,6%) mejoró su estado de ánimo y del sueño (12,5%). Cabe aclarar que cerca de 34% (33,8%) de los pacientes eran adultos mayores y que el motivo más común por el que recurrieron a este tratamiento fue el dolor (44,6%). Este abordaje se recomendó, además, a pacientes oncológicos en quimioterapia, ya que mejora el apetito y reduce los vómitos, además de casos de epilepsia refractaria, como ya se conocía.
Binata expresó que al recibir a un nuevo paciente, se le consulta de cuántos puntos es su dolor en una escala del uno al diez. “Habitualmente, me vienen a ver después de haber probado antinflamatorios, corticoides, derivados de la morfina, pregabalina, a mí no me viene a ver nadie como primera opción, yo atiendo el fracaso de la medicina”. Por esto, dice que generalmente el dolor es de unos nueve puntos. Un tratamiento así, arranca con veinte gotas por días, un mililitro diario, repartido en dos o tres tomas. Los demás medicamentos se le retiran al paciente y se combina el aceite de cannabis con paracetamol, “cannabis y paracetamol van juntos como queso y dulce”, ya que describe al paracetamol como una droga que no tiene efectos adversos, al igual que el aceite de cannabis. “Solo la diarrea es el efecto adverso por el cual he tenido que suspender alguna vez en personas mayores, pero nunca por sedación”.
En cuanto a los niños, afirma que el cannabis es recomendable para patologías como la epilepsia y el autismo, donde el efecto principal es la sedación para disminuir la hiperactividad. Sin embargo, suele atender pocos. "Los papás en general son miedosos".
Estereotipos del uso del cannabis medicinal en Argentina
La legalización del uso medicinal del cannabis tuvo resistencias. La ley que habilita a consumir este producto fue sancionada en 2017 y permite a los pacientes disponer de este tipo de medicamentos de manera segura y legal. Aguila advierte que en nuestro país “el THC (Tetrahidrocannabinol) es demonizado por su uso recreativo, pero es muy eficaz contra el dolor, tanto agudo como crónico”. El CBD (cannabidiol) modera el efecto psicoactivo, y tiene propiedades antiinflamatorias, colabora con el alivio del dolor. También es útil en pacientes con epilepsia y hasta para cosmética por sus efectos antioxidantes. “Pero no es cuestión de usar cualquier planta: hay que reconocer sus variedades, concentraciones y la vía de administración, ya sea aceite, vapor, tópica o cápsulas”, aclara.
El Dr. Bintana asegura que, para romper el mito del prejuicio, lo primero que se explica al paciente es que "no hay magia en esta terapia", dado que los seres humanos producimos nuestros propios cannabinoides y poseemos un sistema endocannabinoide con receptores en el cerebro (CB1) y en el sistema de la inmunidad (CB2). La terapia funciona porque la planta de cannabis, que produce cerca de cien cannabinoides, interactúa con este sistema: mientras que el THC tiene afinidad con los receptores CB1, el CBD (cannabidiol) compite por ellos, lo cual es fundamental. Esta competencia hace que, si la formulación es balanceada (CBD-THC 1 a 1), la droga no tiene efecto psicoactivo, desmintiendo el temor de la gente a "drogarse". El doctor describe al prejuicio que sigue existiendo, tanto de parte de pacientes como de otros médicos, como “un acto de ignorancia”. Dice que no se pueden dividir los médicos entre los que creen y los que no creen ya que la evidencia científica existe y se estudia en una facultad de medicina. “Estás obligado a creer”, concluye
El nulo acceso al cannabis en la salud pública
Aguila asegura que “La idea principal, nuestro horizonte, es llevar el cannabis medicinal a personas que lo necesitan, especialmente quienes se atienden en el sistema público y no tienen acceso a aceites de calidad. Hoy quien tiene contactos consigue un buen aceite, pero debe pagarlo y no todos pueden”. El investigador también explica que la Ley Nacional 27.350 establece que el Estado tiene que garantizar un acceso seguro para quienes tienen la indicación de tratamiento con cannabis, pero que no se cumple.

Cultivo realizado en la Unicen. (Autoria: Josefina Arouxet)
“En Olavarría creemos que están presentes los actores para garantizarlo: tenemos equipo de extracción segura, cultivo controlado, línea de trabajo de encapsulación, laboratorio público de medicamentos que podría abastecer a los Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS) y hospitales“, detalla el investigador. El principal desafío como grupo de investigación es, para él, “formalizar las articulaciones entre la universidad, el Municipio, la Provincia y el sistema de salud público, para que el producto llegue a los pacientes. Desde la investigación buscamos optimizar y publicar papers, y desde lo social queremos que sea accesible a quienes lo necesiten para su tratamiento”.
La médica Karen Kolman, quien realizó en 2024 una rotación en un consultorio de cannabis medicinal del hospital de San Vicente, confirma estas desigualdades desde su experiencia en el sistema de salud. Según explica, el dispositivo funcionaba una vez por semana dentro del hospital público y atendía a pacientes con dolor crónico y problemas de salud mental, realizando entrevistas clínicas completas y seguimiento de los tratamientos. “Había muchísimos pacientes y los cambios que relataban eran impresionantes”, recuerda. Muchos lograban reducir analgésicos fuertes, incluso derivados de la morfina, y también se observaban mejoras en casos de fobia social y otros trastornos. Sin embargo, Kolman advierte que sostener estos dispositivos depende en gran parte del acceso al aceite. “Hoy la situación está más complicada porque el Reprocann está muy trabado y conseguir el cannabis medicinal se vuelve difícil, sobre todo para los sectores más vulnerables”, explica. En un Centro de Atención Primaria de la Salud donde trabajó intentaron impulsar consultas orientadas al tratamiento del dolor con cannabis, pero nunca lograron garantizar el suministro del aceite.
Barreto afirma que, el acceso implica tener dinero, tiempo para formarse y la posibilidad de generar un cultivo personal, lo cual es costoso y difícil. Actualmente, la atención con derivados de cannabis, como la que se realiza en la clínica María Auxiliadora, se lleva a cabo en clínicas privadas, por lo que los pacientes del sistema público carecen de esa posibilidad. Por esto, el grupo de investigación de UNICEN, se propone acercar este tratamiento a quienes lo necesitan. Esto incluye recorrer los CAPS para relevar la demanda de pacientes. La meta final es reclutar pacientes del Servicio de Atención Pública para realizar un ensayo de dolor y demostrar la funcionalidad de este producto en el ámbito de la salud gratuita.
(*)Trabajo realizado para la Cátedra Periodismo Científico FACSO.