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¿Qué está sucediendo en el mundo?

Un giro hacia la derecha: poder, política y resistencia

Entre misiles y estrategias discursivas, el mundo vira hacia la derecha, provocando un crecimiento en políticas conservadoras que producen un retroceso en derechos sociales. ¿Este avance es una anomalía o una respuesta esperada cuando el capitalismo atraviesa una crisis?

globalizacion

12/03/2026

Rocío Vergara - Agencia Comunica

Las redes sociales se llenan de miles de titulares que parecen escenas sacadas de una misma película: conflictos internacionales, combates con armas nucleares, el ataque de EEUU a Irán, el avance de los talismanes con la despenalización de la violencia doméstica, se convierte en un síntoma de un mundo que parece estar atravesando una reconfiguración.

Más de la mitad de los países reconocidos por la Organización de las Naciones Unidas hoy tienen un gobierno perteneciente a la derecha o a las ultraderechas. Este fenómeno no es aislado ni mucho menos circunstancial: atraviesa continentes, sistemas políticas, sociales y también culturales.

Un presente que ya se ha vivido

Para Oscar Mastropierro, magíster en relaciones internacionales así como miembro de la red de Argentina de profesionales para la política exterior (REDAPPE), el avance de las derecha surgió “de manera muy natural en Europa y en América Latina, siendo en gran parte en América del Sur, lo que significó un cambio en los puntos de vista políticos, económicos, sociales e inclusive medioambientales”.

El avance de derecha puede ser leído como un fin de ciclo político, en palabras de Oscar, “ha representado un desgaste que los gobiernos de izquierda tuvieron durante un ciclo, donde no pudieron solucionar las crisis de seguridad, el crimen organizado, la inflación; en la búsqueda de una ciudadanía y un orden en cada uno de los países”.

Esto se transformó en un material simbólico para los partidos liberales que pudieron “capitalizar ese descontento para marcar algo así como un cambio estructural”. Esto se puede ver reflejado en las elecciones del año pasado en América Latina, en regiones como Chile, Perú, Ecuador, Bolivia, Paraguay e inclusive Argentina, así como se suman algunos países de América Central y el Caribe.

No solo se tratan de factores económicos y sociales, sino también de un tema que ha estado en la agenda mediática últimamente: las migraciones. Según la ONU, se estimó en un análisis realizado por la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales (DESA), que en 2024 el número de migrantes internacionales en todo el mundo era de casi 304 millones, lo que duplica a la última cifra tomada en 1990.

¿A dónde nos lleva la marea?

Este avance a pasos agigantados plantea una grieta dentro del propio conservadurismo. Mastropierro distingue entre el conservadurismo tradicionales —asociado al sostén del orden social, la defensa de las tradiciones, los valores familiares, la religión, etc— y las nuevas derechas con ideales nacionalistas, caracterizadas por liderazgos disruptivos, con un estado proteccionista que regula la economía y un conservadurismo más “liberal”.

Ello desemboca en un interrogante en sí el crecimiento de esta ideología política representa un progreso o un regreso, que para el magister “hay muchos que lo consideran como un progreso, pero mucha gente de partidos conservadores critican esa forma de política, considerando que personas como Trump, Elon Musk e inclusive Milei, no se parecen en nada a las principales caras del conservadurismo como Ronald Reagan, Margaret Thatcher, William Buckley”. En ese caso no se trata más que de “un retroceso para las ideas conservadoras y de derecha”.

oscar mastropierro
Créditos: El Eco Tandil.

La brecha se internaliza entre ambas posiciones, por un lado el tradicionalismo defiende las bases de orden social, la familia y la religión, mientras que las corrientes modernas promueven la privatización, la liberalización del mercado y la creación de un estado limitado, que solo garantiza la justicia y la seguridad, pero deja la economía en manos del mercado.

Punto de locación: Argentina en el centro

En este escenario es donde Argentina se inserta con “un alineamiento automático con Estados Unidos en lo político, militar, económico” afirma Oscar Mastropierro. Esto se puede visualizar en las palabras del mismo Donald Trump cuando afirmaba que la victoria de Javier Milei se dio gracias a su influencia y la promesa del préstamo que EEUU le entregaría a Argentina.

La salida de organismos internacionales como la OMS, las críticas a las Naciones Unidas, el fortalecimiento del vínculo con Israel y ciertas decisiones diplomáticas generan interrogantes sobre el lugar en el que se posiciona el país en un mundo que es cada vez más polarizado.“Hay un alineamiento que sin duda es con Occidente” acentúa.

Para Mastropierro, la política exterior no puede subordinarse a la ideología del gobierno de turno: “el acercamiento excesivo y el compromiso adquirido con Israel, nos puede traer dolores de cabeza. Ya nos pasó en los 90 cuando fuimos a la guerra del Golfo y las consecuencias fueron los bombazos en la embajada de Israel y en la AMIA”.

Una vuelta al mundo: ¿dónde nos paramos?

El avance de las derechas no solo se explica en clave económica o geopolítica, sino también en entenderla como una reacción cultural. En este terreno aparece un concepto que se convirtió en un campo de batalla: la cultura woke. Para las figuras máximas esta palabra no es más que “una palabra prohibida. El mismo Trump y Milei son negacionistas del cambio climático y todo lo que vaya en contra del orden y los valores conservadores, desde su punto de vista no se puede tocar” explica el entrevistado.

El globo terráqueo se parte en porciones, las ideas progresistas significan para unos sectores una ampliación de derechos, la visibilización de desigualdades y reconocimiento de identidades silenciadas, pero para otros se transformó en un enemigo discursivo, con una necesidad de corrección política.
Así, entre el rechazo de la cultura woke, el ascenso de nuevas potencias económicas como China y la reconfiguración del poder global, el mundo parece moverse en un espiral: avances tecnológicos, pero con una disputa sobre los derechos básicos. Se globaliza económicamente, pero se fragmenta culturalmente.

El escenario está en constante movimiento. “Ser potencia hoy es tener políticas claras en las cuestión política, armas nucleares en lo militar y tecnología que permita el desarrollo científico y tecnológico”, concluye Mastropierro.