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Mujeres que se destacan

Adriana Saravia, la cantora que une la música y el compromiso social

Adriana Saravia canta con la misma convicción con la que acompaña causas colectivas. Sus melodías van de la mano del sentir colectivo. Entre la música, la memoria y la docencia, su voz se vuelve refugio, denuncia y encuentro.

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Fernanda Alvarez - Agencia Comunica
3/3/2026

Su voz se escucha suave y a la vez firme. Es potencia y es dulzura. Es denuncia, es presencia y es calma. Adriana Saravia canta y la piel de quien escucha se eriza. Por la poesía que elige y por la forma en que pronuncia cada tono, cada palabra.
Adriana es sinónimo de compromiso y lo demuestra cada vez que hay que poner la voz y el cuerpo en momentos donde las circunstancias lo demandan.
“Me parece que hay causas donde hay que estar presente con la música “, asegura. Y lo demuestra cuando sube al escenario el Día de la Mujer, el día del Orgullo o el día de la Memoria, fechas que no pasan inadvertidas porque cargan historias, reclamos y dolores que siguen buscando justicia. Y porque hay voces —como la suya— que eligen acompañar esos tiempos necesarios.
Adriana es sinónimo de música. Y su vínculo con este arte se remonta a su adolescencia. Los actos escolares en su Escuela Nacional de Olavarría la tuvieron como protagonista. Eran años de rock nacional y de su amor por Luis Alberto Spinetta, que aún persiste. Y también eran épocas de torturas en centros clandestinos de detención, de canciones prohibidas, de libros quemados. Allí ya alzaba la voz.
Luego fue momento de vivir en Buenos Aires, cuando tenía poco más de 19 años. Corría el año 81 y las ganas de decir y denunciar estaban vivas. La necesidad de cantar se volvía urgente, en un tiempo donde el silencio y la dictadura comenzaban a resquebrajarse.
Una de las primeras cosas que hizo al llegar a Buenos Aires fue ir a una marcha por Malvinas. “Fuimos a Plaza de Mayo, a pedir que se vaya Galtieri. Ahí supe lo que era venir de un pueblo y vivir en carne propia los palos, los gases, buscar a tu compañero, esconderte donde se podía. Y eso que ya estaba cayendo la dictadura. Esperábamos con ansias la democracia”.
Fueron momentos en los que autores como Mercedes Sosa o Victor Heredia estaban prohibidos. “La gente estaba desesperada por decir cosas, yo viví un momento de un valor importantísimo, a diferencia de hoy donde hay más apatía con todo lo que está sucediendo que es gravísimo”.
En aquellos años, Adriana cantaba y en medio del recital “caía la policía y nos censuraba, nos quitaban los instrumentos..” Por eso el poder cantar a viva voz lo vivió como una celebración.

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Primero fueron canciones de rock argentino. Luego la atravesó el folklore que había mamado en su casa y cantó acompañada por un pianista zambas Cuchi Leguizamón o tangos de Goyeneche. Mezclaba Los Beatles con algo de blues y hasta conoció la música brasilera, para volver al folklore, lo que mostraba su versatilidad a la hora de elegir canciones. “Me parece muy poco enriquecedor quedarte solamente con un género”, asegura.
El repertorio es amplio y las melodías la acompañan todos sus días. Adriana Saravia lleva 30 años volcando en la docencia todo su conocimiento: en sus clases particulares de canto enseña a respirar correctamente para sostener una nota, ofrece los ejercicios de vocalización adecuados, acompaña, corrige, sugiere y genera confianza.
La pregunta obligada: ¿cualquiera puede cantar? Adriana asegura que sí. Y observa que sus alumnos tienen diferentes intenciones: “hay quienes vienen porque simplemente quieren cantar, y pueden ir corrigiendo si no son muy afinados. Diferente es cuando alguien tiene una banda y necesita recursos técnicos para mejorar, o si es solista, o si no quiere quedar afónico ni lastimar la voz. Pero cualquiera lo puede hacer desde lo expresivo”.
Adriana ve llegar a sus alumnos con inseguridades y dudas. A fin de año, los encuentros que lleva adelante son la demostración del trabajo sistemático y prolijo. “El proceso es hermoso”, dice con la paciencia que la caracteriza. “Arrancan con incertidumbre y pensando que no van a poder y saber que les puedo dar las herramientas es maravilloso”. Guitarra en mano, Adriana sugiere segundas voces, arreglos musicales y poner la interpretación de cada uno a las canciones elegidas. Apropiarse de esa música que, al fin de cuentas, es de todos.

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Para ella es sumamente placentero ver crecer a sus estudiantes: “veo que empezaron pequeñitos y luego estudian música, crecen. Tengo chicas que estudian en la EMBA (Escuela de Música de Buenos Aires) que cuando vienen en el verano se acercan a su primer lugar de canto para practicar”.
En su paso por diferentes agrupaciones dejó huella. Creó Las rockeristicas, convencida de que las canciones infantiles debían ser interpretadas con calidad. Así comenzaron los canticuentos, pasaron por María Elena Walsh y terminaron creando canciones propias.
Junto a su colega y amiga Mónica Badoglio, otra maravillosa cantante y docente olavarriense, crearon el grupo “Mi Tierra”, compuesto por mujeres que entonan música latinoamericana.
En la Escuela de Música propuso un ensamble musical y se presentaron este verano en diferentes lugares. Y fue parte de la creación del espacio La Cerrito, así como docente en Insurgente y Chamula. “Me encantan los espacios independientes”, confiesa.
Adriana destaca la calidad musical de sus compañeros, con quienes comparte escenarios y asegura que “siempre me gustó trabajar desde el placer”. Por eso aceptó la propuesta del padre Marcos Piccaroni, del Barrio Ceco, de dar clases para adultos en los salones de la parroquia San Cayetano. “Él es muy humilde y muy buen músico”.
Mientras dialoga suena la voz del Flaco Spinetta, a quien considera un maestro “desde el lugar de la humanidad, su coherencia, su música que no es fácil y porque siempre hizo más allá de las modas”. También admira profundamente a Mercedes Sosa, un ícono de la música argentina. “No fue Mercedes Sosa porque sí. Ella representó como cantora lo que el pueblo necesitaba. Lo mismo Charly García, yo soy un poco hija de esa música”. Además, respeta y valora a artistas como Violeta Parra, Víctor Jara, Chico Buarque que le pusieron letra y melodías a las situaciones complejas que atravesaban los pueblos de Chile y Brasil. O María Elena Walsh, Victor Heredia o Mercedes Sosa que hicieron lo propio en la Argentina.
Por ese motivo la docente e intérprete elige poner el cuerpo y la voz en momentos clave: ya está pensando en la canciones para el Día de la Memoria: “creo que el compromiso es fundamental”, asevera.
Allí está Adriana, serena y segura, preparando su voz para que fluya nítida y clara. Allí viene ella, a su entorno musical y social, como una de las canciones que más le gustan de Fito: a ofrecer su corazón.