Educar en la actualidad
Entre pantallas y nuevos hábitos: desafíos a la hora de enseñar
En un escenario atravesado por la hiperconectividad, la escuela enfrenta el desafío de sostener la autoridad pedagógica y promover hábitos digitales responsables, mientras convive a diario con cambios en la concentración de los estudiantes y en las propias condiciones de enseñanza.
(Créditos: Dirección General de Cultura y Educación)
02/03/2026
Agencia Comunica - Camila Sosa
Con el inicio del ciclo lectivo, las aulas volvieron a llenarse de estudiantes, expectativas e interrogantes. Más allá de la organización escolar, el comienzo del año expone transformaciones profundas en las formas de enseñar y aprender, atravesadas por la tecnología, los cambios en la atención y nuevas dinámicas vinculares.
Para Valeria, docente de inglés en nivel primario y secundario, uno de los principales retos actuales es sostener la concentración en un contexto dominado por estímulos digitales. “Hoy uno de los principales desafíos es competir con la tecnología. La atención es cada vez más corta, porque están acostumbrados a estímulos permanentes, a contenidos breves y dinámicos… Entonces nuestro desafío es presentar actividades en constante cambio para no perderlos”, explica.
La presencia del celular atraviesa buena parte de la jornada escolar. Según relata la docente, no se trata únicamente del dispositivo en sí, sino del vínculo constante que los estudiantes mantienen con él. “Muchas veces sienten la necesidad de revisar el teléfono, responder mensajes o estar pendientes de lo que ocurre afuera”, señala. En algunos casos, incluso, las comunicaciones familiares llegan de manera directa durante el horario de clase, lo que interrumpe la dinámica pedagógica y complejiza el ejercicio de la autoridad docente.
En este escenario, las políticas educativas que regulan el uso de dispositivos móviles en el aula, impulsadas por la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires, se inscriben en una discusión más amplia sobre cómo organizar y proteger el tiempo pedagógico. Sin embargo, tanto docentes como especialistas coinciden en que el debate no puede reducirse a una prohibición.
Desde la psicopedagogía, Florencia Bellomo advierte que esta transformación tiene efectos concretos en los procesos cognitivos y emocionales. “La retroalimentación inmediata disminuye la tolerancia a la espera. No hay un procesamiento minucioso de la información; hay menos profundidad en la lectura y más ansiedad frente a la sobreinformación visual”, explica.
Para Bellomo, el celular no es en sí mismo el problema. “Hoy es el acceso al mundo. Cuando hay un objetivo pedagógico claro, es una herramienta muy funcional”, afirma. En esa línea, propone trabajar la autorregulación digital como competencia educativa, “administrar el tiempo de uso y anticiparse a la saturación es algo que también se enseña”.
Valeria coincide con la especialista y reconoce que la tecnología puede convertirse en una aliada cuando se integra con un objetivo pedagógico claro. Juegos interactivos, canciones, recursos audiovisuales y plataformas digitales permiten dinamizar las clases y facilitar la apropiación de contenidos. “La lucha es enseñarles cuándo sí y cuándo no usarlo”, sostiene. Para la docente, el desafío radica en que los estudiantes construyan hábitos y criterios que promuevan un uso responsable del celular.
Otro factor central es el rol de las familias. Para la psicopedagoga, regular el uso de los dispositivos requiere presencia adulta y límites claros, “estamos entregando una herramienta con alto alcance. Tiene que haber acompañamiento, tiempos definidos y conciencia de lo que significa”. Valeria coincide en que el trabajo conjunto entre escuela y hogar resulta clave para sostener hábitos saludables y evitar que las interrupciones externas interfieran en el proceso de aprendizaje.
“Estamos frente a una transformación en la manera de aprender”, sostiene Bellomo. “La llegada de la inteligencia artificial nos obliga a repensar qué y cómo enseñamos. El desafío es fortalecer la oralidad, enseñar a formular buenas preguntas y promover una lectura más profunda”.
Con las clases ya en marcha, el sistema educativo enfrenta un escenario que combina avances tecnológicos, cambios culturales y demandas emocionales crecientes. Más que una discusión centrada exclusivamente en dispositivos, el debate parece orientarse hacia cómo construir una cultura digital responsable, acompañada y pedagógicamente significativa.
El inicio del ciclo no sólo marca un regreso a las aulas, sino también la necesidad de repensar las condiciones en las que se enseña y se aprende en una sociedad que ya no se desconecta, y donde el desafío no es apagar pantallas, sino enseñar a habitarlas con criterio.