Manuel Aizpurú: "El Hip-Hop es un estilo de vida donde uno se siente representado”
Si vas al parque y ves un grupo de personas en ronda, que rapea mientras festeja cada rima como si fuera un gol, seguro lo veas a él. Manuel Aizpuru, también conocido como “Core”, es un activista cultural que dedicó su vida al Hip-Hop, organizó eventos, competencias de freestyle, shows y talleres culturales, siempre con la cultura como eje.

Tiziano Vázquez (*)
Core nació y creció en Olavarría, una ciudad que siempre osciló entre lo industrial y lo cultural, entre el cemento de las canteras y el color de los grafitis que decoran sus paredes. Allí, durante la adolescencia, descubrió un lenguaje que lo marcaría para siempre. “Siempre me gustó la rima —recuerda—. En la escuela, si había que escribir algo con versos, me salía natural. Un día vi unos videos del Halabalusa, una competencia de freestyle, y después me crucé con unos pibes que rapeaban en el skatepark. Llegué a casa y empecé a escribir. Desde ese día no paré”.
Siempre se mantuvo tranquilo, con esa actitud relajada que lo caracteriza. Sabía que el Hip-Hop era su lugar en el mundo, y lo dejó claro a lo largo de la entrevista. Entre cada cigarro que Core encendía, revelaba más facetas de su vida y su manera de entender la cultura como activista.
Después de su primera conexión con el Hip-Hop, la cultura se transformó rápidamente en su modo de estar en el mundo. “El Hip-Hop es un estilo de vida en el que uno se siente representado. Tiene valores, ideales, raíces. Si uno no los encarna, debería preguntarse qué tan activista cultural es”, dice con la misma certeza con la que organiza un evento o sube al escenario.
Core ingresó a la cultura sin pedir permiso, como si fuera su casa. Olavarría todavía no tenía una productora cultural propia, pero él decidió que eso debía cambiar. “Había un grupo de chicos que organizaba batallas en la plaza del centro. Después se apagó. Un día pensé que no podíamos seguir improvisando sin identidad. Hablé con los pibes, me cedieron la cuenta y arrancamos de nuevo. Yo digo que Olavarrial HH tuvo dos nacimientos: uno y un renacimiento”, explicó el artista.
No fue el creador de Olavarrial HH, pero sí un pilar fundamental para que renaciera, en busca de una identidad y una marca que los representara. El nombre no fue casual. “Real”, en la jerga del Hip-Hop, significa auténtico, genuino, fiel a las raíces. “Queríamos algo que representara eso, lo verdadero, lo de abajo. Porque el Hip-Hop trata de eso: de ser real, no perfecto”, explica.
Con esa idea, Manuel inició su camino como organizador de eventos y competencias. Usó el logo de la organización como insignia: ese puño blanco con el nombre en rojo sobre los nudillos se convirtió en el escudo del movimiento cultural en Olavarría.
Manuel encendió otro cigarro y relató cómo ese grupo autogestionado se transformó en lo que él siempre imaginó: un espacio de producción cultural integral. “Queremos que Olavarrial HH sea una productora de Hip-Hop que genere cultura desde distintos lugares. Algunas cosas ya las logramos; otras son para el futuro”, dice Core con orgullo.
Lleva más de una década trabajando para mantener viva una escena que muchas veces depende únicamente de la voluntad. “Me llevó diez años vivir de esto. Durante mucho tiempo perdía más de lo que ganaba. Hoy puedo decir que vivo del Hip-Hop, pero nadie me lo regaló. Mi carrera la hice acá, en la calle, aprendiendo a los golpes. No estudié en una facultad: mi aula fue el parque, los escenarios, las derrotas”.

En ese camino conoció a Gian Salias, un artista olavarriense con quien Manuel realizó un evento cultural en el Teatro Municipal de Olavarría en 2021. “El freestyle era una cultura nueva para mí; no conocía sus referentes, pero me di cuenta enseguida por su actitud que él era uno de ellos”, contó Gian. Esa actitud distingue a Core del resto. Su altura no es solo física: es un faro para quienes buscan formar parte del Hip-Hop.
Gian también destacó cómo Core siguió liderando Olavarrial HH incluso cuando muchos se apartaron de la organización. “Con el tiempo me fui abriendo de Olavarrial HH para buscar mis objetivos individuales, pero siempre me mantuve cerca, viendo cómo la productora seguía adelante con Manu como líder”. Manuel demuestra ser una persona que no duda en asociarse cuando se trata de hacer crecer el Hip-Hop olavarriense, integrando a todo aquel que desee ser parte.
“Herramienta de expresión”
A los 27 años, Manuel logró coordinar el Centro Juvenil La Cantera, un espacio donde niños y adolescentes se divierten entre latas de pintura y beats, mientras aprenden freestyle, skate o graffiti. “Lo más lindo es ver a los padres llevando a sus hijos al skatepark. Antes eso no existía. Cuando yo era pibe, si te veían con una tabla te gritaban ‘andate a Estados Unidos, pendejo yankee’. Hoy la mirada cambió, y eso también forma parte del crecimiento de la sociedad.”
Este cambio de época lo llena de orgullo. “El Hip-Hop ya no es marginal. Es una herramienta de expresión, de contención y de transformación. Que un pibe pueda rapear, pintar o subirse a una tabla sin ser juzgado ya es un logro. Que eso lo conecte con una comunidad y con una identidad, es lo más importante”, explica el artista. Para él, ver que lo que antes se consideraba marginal hoy genera identidad y comunidad le resulta profundamente gratificante.
Core sacó otro cigarro del atado y habló sobre el trabajo invisible que existe detrás de cada evento, un esfuerzo que le da placer realizar. “La gente ve la fecha, los artistas, el público, pero no ve lo que hay detrás: los permisos, la logística, la difusión, el presupuesto. Aprendí a escribir proyectos, a buscar recursos, a hablar con el municipio. Si uno no gestiona, nada sucede. A veces trabajamos con el Estado, otras veces nos autogestionamos, pero lo importante es que cada evento deje huella.”
Para él, Olavarría es mucho más que una ciudad intermedia del centro bonaerense: es un mapa de resistencias. Las canteras, los galpones, los parques, los viejos murales: todo forma parte de una identidad que se reescribe al ritmo del bombo y el clap. “Olavarría tiene una riqueza cultural enorme. Hay grafiteros, skaters, MCs, DJs. Gente que no aparece en los medios, pero que mantiene viva la movida. Lo que pasa acá repercute, y para bien.”
Su forma de entender la cultura urbana está atravesada por una sensibilidad política. “El Hip-Hop nació como un grito de los barrios, de los que no tenían voz. No se puede ser rapero y mirar para otro lado cuando las cosas se ponen difíciles”, contó Manuel. Así lo plantea en una de sus batallas escritas, que le lleva meses de trabajo: “Están cagando a palos a los jubilados, buscan violentarte y vos todavía no hiciste nada. Yo que vos me replanteo si sos tan rapero como pensabas.”
Para él, el artista tiene una responsabilidad social. “No digo que todos tengan que militar, pero sí tener conciencia. Si el Hip-Hop no se planta frente a lo que pasa, entonces hay que preguntarse si seguimos honrando sus raíces”.
En ese sentido, reconoce que la escena local está dando un ejemplo a seguir. “En Olavarría, los pibes hacen cosas buenas. Se organizan, pintan, crean música. La movida crece, aunque muchas veces no se reconozca. Estamos acostumbrados a criticar cuando algo sale mal, pero no a celebrar cuando algo se hace bien”. Core es un factor determinante para que muchas de esas actividades se concreten. Comprende su rol y siempre busca lo mejor para la cultura.
Día a día
Su rutina se reparte entre el centro juvenil, los eventos y las ideas que constantemente surgen. Coordina talleres, planifica ligas, diseña carteles, consigue artistas. Desde su celular administra redes, escribe comunicados y negocia con productores. Su equipo de trabajo, dice, es él mismo. “Mi equipo soy yo: mi experiencia, mis contactos, mis ganas. A veces se suma gente, pero aprendí a no depender. Yo trabajo por amor, y eso no se le puede exigir a nadie.”
Ese empuje lo llevó a construir una red que hoy incluye artistas nacionales como Fianru, Malandro o Obie Wanshot, quienes pasaron por escenarios olavarrienses. También impulsa la liga Edition Battle Cats, un formato de batallas escritas inspirado en las ligas profesionales de Buenos Aires.
Pero su sueño va más allá de las batallas. Quiere producir sesiones de estudio con artistas locales, ampliar el skatepark con apoyo municipal y organizar un encuentro nacional de graffiti junto a Sierras Graf, el colectivo más grande de Latinoamérica. “Sería una locura tener 200 grafiteros pintando en simultáneo en Olavarría, pero se puede. Falta plata, falta gestión, pero sobran ganas.”
Core habla de su oficio como si hablara de una vocación espiritual. “Esto me llevó años. Durante mucho tiempo perdía más de lo que ganaba. Nadie ve las veces que nos salió mal una fecha o cuando terminamos endeudados. Pero así se aprende: si no sabés perder, no podés aprender a ganar.”
Desde el principio
En los comienzos, cuando las cosas no siempre salían bien, el contexto posterior a la pandemia hacía todo más difícil. Manuel supo apoyarse en su familia, que siempre lo acompañó desde el inicio. “Desde muy chico le gustó lo que hace, siempre lo voy a apoyar y acompañar. Es un orgullo para mí que haga lo que ama”, contó su madre, María de los Ángeles Zabaleta.
Su madre aprendió a entender el rap para acompañarlo mejor. “No todo el mundo entiende el rap; yo al principio no lo entendía, pero al verlo feliz, comencé a comprenderlo un poco más”, relató María de los Ángeles. También recordó cómo lo ayudaba en los eventos: “Estuve en las entradas cuando se hizo el evento en el teatro municipal, trabajé en las cantinas. Siempre que necesitó apoyo, estuvimos ahí, yo y sus hermanos. Estamos muy orgullosos de él.”
Hoy Core logra sostenerse económicamente entre el Centro Juvenil y los eventos. “Vivo de esto. No me sobra, pero me alcanza. He tenido ofertas laborales que me permitirían estar más cómodo, pero prefiero vivir con menos y hacer lo que amo. El Hip-Hop me dio un propósito. No hay nada que se compare con ver a un pibe que antes no sabía qué hacer y ahora sube a un escenario a rapear.”
Esa mezcla de convicción y amor por la cultura atraviesa toda su historia. Habla con el tono de quien aprendió a fuerza de errores, pero sin perder la fe en lo que hace. “El Hip-Hop me representa en el 90% de lo que soy. Es mi forma de pensar, de sentir, de estar en el mundo. Y mientras haya alguien dispuesto a rimar, a pintar una pared o a subirse a una tabla, el Hip-Hop va a seguir vivo. En mí y en Olavarría.”
Con esfuerzo y dedicación, Manuel se convirtió en un ejemplo para todo aquel que desee dedicar su vida a la cultura. Olavarrial HH lo ayudó a encontrar su lugar dentro de ella; su rol como organizador y gestor de eventos era lo que necesitaba el Hip-Hop olavarriense para emerger como una nueva ola cultural. Mientras impulsa nuevas ideas para mantener la cultura viva, Core disfruta del privilegio de vivir de lo que ama.
La tarde cae sobre el parque, mientras el beat continúa. Un chico de catorce años toma el micrófono y lanza sus primeras rimas. Core lo observa desde atrás, en silencio, con esa mezcla de orgullo y nostalgia de quien sembró algo que ya empezó a florecer. Recuerda el camino recorrido y sonríe, porque si algo tiene claro es que el Hip-Hop solo se mantiene vivo cuando se comparte.
(*) Trabajo final realizado para la Cátedra Redacción 2, Carrera de Periodismo, Facso.