Catalina Laborde - Agencia Comunica

10/9/2026

Entre el 4 y 8 de agosto, representantes de 108 países participaron del Foro Social Mundial 2026, en el cual se desarrollaron más de 200 actividades vinculadas a problemáticas sociales, políticas y culturales. La antropóloga Marcela Guerci Nedir, investigadora colaboradora del Núcleo Regional de Estudios Socioculturales (NuRES - FACSO) participó a partir de su trabajo con la Unión Cultural Argentino Libanesa (UCAL), organización desde la que aborda las problemáticas de migración e inmigración.

Guerci participa del Foro Social Mundial desde hace 15 años. En sus primeras ediciones asistía para abordar la situación de los pueblos originarios, una problemática que investigó durante décadas. Con el tiempo, su trabajo se vinculó también con las migraciones y las comunidades de la diáspora. 

El Foro Social Mundial surgió a comienzos de los años 2000 como una alternativa al Foro Económico Mundial de Davos. Mientras este último reúne a actores vinculados al poder económico y político global, el Foro Social Mundial busca poner en común las problemáticas y estrategias de organizaciones sociales, movimientos y comunidades de distintos lugares del mundo que se reúnen para debatir y promover soluciones alternativas a los desafíos sociales, económicos y ambientales globales.

Guerci en el Campus Universitario Abomey

Para Guerci, una de las características centrales del encuentro es justamente esa construcción colectiva. “Siempre ha sido un lugar en donde los grupos humanos organizados pueden mostrar qué les pasa, pero también cómo han podido resolver sus problemáticas”, explicó.

El objetivo, señaló, no es únicamente exponer dificultades, sino compartir experiencias que puedan servir a otros grupos. “Siempre desde el planteo colectivo”, remarcó.

Esa dinámica también explica una de las particularidades del foro: su organización flexible. Las actividades son propuestas por las propias organizaciones y muchas veces cuentan con traductores o colaboradores voluntarios. Para Guerci, ese funcionamiento desordenado es parte de su identidad “lo mejor del foro es el caos”, aseguró.

Un comienzo inesperado

La edición de este año estuvo marcada por una situación imprevista. Al llegar a Benín, los participantes se encontraron con que el Ministerio del Interior no había autorizado el desarrollo del foro. Algunas personas fueron deportadas al llegar al aeropuerto, mientras que a quienes viajaban por tierra desde otros países africanos se les impidió ingresar.

Guerci había llegado algunos días antes y pudo ingresar al país como turista. Sin embargo, cuando se dirigió al campus universitario Abomey-Calavi, donde estaba previsto realizar el encuentro, notó que no había señales de la actividad. “Nosotros fuimos a reconocer el espacio y no había un solo cartel que dijera: ‘Acá va a ser el foro’”, contó.

Las calles de Benín

Al día siguiente, los participantes recibieron la noticia de que el gobierno había prohibido directamente el encuentro. Frente a la situación, distintas organizaciones comenzaron a difundir lo ocurrido y a buscar espacios alternativos para mantener las actividades.

Las sesiones comenzaron a organizarse en hoteles y otros lugares cercanos. La información circulaba principalmente a través de redes sociales y grupos de WhatsApp. Quienes encontraban un espacio compartían la ubicación y el resto se trasladaba hasta allí. “Nosotros estamos acá y lo vamos a hacer igual, les guste o no”, recordó Guerci sobre la postura que tomaron los participantes.

La presión de las organizaciones y la repercusión internacional finalmente llevaron al gobierno de Benín a permitir la realización del foro. Las actividades pudieron desarrollarse, aunque algunas de las previstas originalmente tuvieron que ser reorganizadas.

Pensar más allá de lo individual

A pesar de las dificultades, Guerci destaca el carácter colectivo de estos encuentros. Para la antropóloga, participar de los foros implica encontrarse con personas que buscan pensar problemáticas que exceden sus propias experiencias.

Guerci aseguró encontrarse con la gente que "tiene una mirada de las cosas que van más allá de su propia persona” ya que el evento “está pensado para tener una mirada mucho más amplia de un mundo que por ahí a algunas personas no les va a tocar vivir, pero piensan en un colectivo mucho mayor”, sostuvo.

En esta edición, además de participar en actividades vinculadas a la migración y las diásporas, Guerci volvió a encontrarse con una dinámica que conoce desde hace años: organizaciones de distintos lugares que comparten experiencias, estrategias y formas de abordar problemáticas comunes.

En Benín, esa lógica adquirió una dimensión particular. Ante el intento de impedir el encuentro, fueron los propios participantes quienes buscaron alternativas para sostenerlo.

A más de dos décadas de su creación, el propio Foro Social Mundial también se pregunta por su futuro. Según Guerci, en cada edición se abren espacios para discutir si el encuentro continúa cumpliendo su objetivo, si está repitiendo viejos esquemas o si corre el riesgo de convertirse en una simple tradición.

La pregunta también la interpela personalmente. Antes de viajar a Benín, llegó a preguntarse si debía volver a participar. Sin embargo, personas cercanas la impulsaron a continuar: “Si vos no vas, no sos vos”, le dijeron.

El Foro Social Mundial desde adentro

Guerci decidió volver y sostiene que, aunque el foro pueda ser cuestionado, todavía tiene sentido como espacio para sostener “voces alternativas” y compartir otras formas de pensar los problemas globales. Su apuesta, explica, es que ese espacio permite imaginar nuevas posibilidades: “Que el espacio alternativo nos permita pensar un mundo alternativo”, concluyó.